Recuerdo que al llegar ni me miraste,
fui solo una más de cientos
y, sin embargo, fueron tuyos
los primeros voleteos.
Cómo no pude darme cuenta
que hay ascensores prohibidos,
que hay pecados compartidos,
y que tú estabas tan cerca.
Me disfrazo de ti.
Te disfrazas de mí.
Y jugamos a ser humanos
en esta habitación gris.
Muerdo el agua por ti.
Te deslizas por mí.
Y jugamos a ser dos gatos
que no se quieren dormir.
Mis anclajes no pararon tus instintos,
ni los tuyos, mis quejidos.
Y dejo correr mis tuercas
y que hormigas me retuerzan.
Quiero que no dejes de estrujarme
sin que yo te diga nada.
Que tus yemas sean lagañas
enganchadas a mis vértices.
Me disfrazo de ti.
Te disfrazas de mí.
Y jugamos a ser humanos
en esta habitación gris.
Muerdo el agua por ti.
Te deslizas por mí.
Y jugamos a ser dos gatos
que no se quieren dormir.
No sé que acabó sucediendo,
sólo sentí dentro dardos.
Nuestra incómoda postura
se dilató en el espacio
Se me hunde el dolor en el costado,
se me nublan los recodos,
tengo sed y estoy tragando,
no quiero no estar a tu lado.
Me disfrazo de ti.
Te disfrazas de mí.
Y jugamos a ser humanos
en esta habitación gris.
Muerdo el agua por ti.
Te deslizas por mí.
Y jugamos a ser dos gatos
que no se quieren dormir.
Me moriré de ganas de decirte
que te voy a echar de menos…
Y las palabras se me apartan,
me vacían las entrañas
Finjo que no sé, y que no has sabido.
Finjo que no me gusta estar contigo…
Y al perderme entre mis dedos
te recuerdo sin .
Me moriré de ganas de decirte
que te voy a echar de menos.
Z.
Conclusiones saharauis
- La niña de ojos enormes tiene lluvia en la mirada
- Todos envidian la blancura del verde
- Con las varillas de antaño la arena vuelve al desierto, mientras el Sahara sigue encadenado a un pasado encalado y limpio de prejuicios, de puertas azules a la orilla del mar
- Todos envidian la blancura del verde
- Con las varillas de antaño la arena vuelve al desierto, mientras el Sahara sigue encadenado a un pasado encalado y limpio de prejuicios, de puertas azules a la orilla del mar
Sahara, miércoles 10 de diciembre
Sin los chicos, que están en Tindouf, todo es más aburrido, aunque siempre hay cosas que hacer. Maimona me dice que en el Sahara no hay tiempo para nada.
Yo creo que tienen el secreto para conservar todo el tiempo del mundo.
Me pongo mi melfa nueva y me hago saharahui por un rato en el marsa. Qué suerte ser casi invisibe, a pesar de que las manos me traicionen y me sigan diciendo lo blanquita que soy.
Les encanta y me preguntan qué pueden hacer para estar tan blancas como yo. Ellas se ponen miles de cremas, que les ponen la cara verde, como si estuvieran enfermas.
Me compran muchos regalos para traer a España. Compramos un juego de té, pjor, una chilaba para mi padre, pañuelos para mi y para mis hermanas, anillos, pulseras, llaveros... Por la tarde fuimos a la casa de Maimona y me puse malica. :( Me siento mareada, con dolor de cabeza y de barriga. Después de ver a unos borreguillos recien nacidos y de reirme un rato con unos niños que me preguntaban dónde vivo: pues en casa de Dada, claro.
Tengo que descansar un poco, porque tengo mal cuerpo, así que me viene muy bien que nos vayamos pronto. Me acuesto en cuanto llego. Me alegro mucho de que Dahman y Maimona ya hayan vuelto de Tindouf, porque así tengo más compañía.
Mai me cuida y me pone paños fríos en la frente, que cuando me los quita salen ardiendo.
Me quedo dormida y cuando me despierto me encuentro mucho mejor. Me habían puesto una silla tapada con algunas telas para que no me diera la luz.
Por fín consigo hablar con mis padres, lo que me tranquiliza mucho después de la tarde tan horrible que he pasado. Me dolían muchísimo los ojos, sentía las retinas secas y la cabeza parecá que me iba a estallar. Tenía unas ganas terribles de llorar.
Finalmente, despues de cenar descanso y vuelvo a tener sueños maravillosos.
Yo creo que tienen el secreto para conservar todo el tiempo del mundo.
Me pongo mi melfa nueva y me hago saharahui por un rato en el marsa. Qué suerte ser casi invisibe, a pesar de que las manos me traicionen y me sigan diciendo lo blanquita que soy.
Les encanta y me preguntan qué pueden hacer para estar tan blancas como yo. Ellas se ponen miles de cremas, que les ponen la cara verde, como si estuvieran enfermas.
Me compran muchos regalos para traer a España. Compramos un juego de té, pjor, una chilaba para mi padre, pañuelos para mi y para mis hermanas, anillos, pulseras, llaveros... Por la tarde fuimos a la casa de Maimona y me puse malica. :( Me siento mareada, con dolor de cabeza y de barriga. Después de ver a unos borreguillos recien nacidos y de reirme un rato con unos niños que me preguntaban dónde vivo: pues en casa de Dada, claro.
Tengo que descansar un poco, porque tengo mal cuerpo, así que me viene muy bien que nos vayamos pronto. Me acuesto en cuanto llego. Me alegro mucho de que Dahman y Maimona ya hayan vuelto de Tindouf, porque así tengo más compañía.
Mai me cuida y me pone paños fríos en la frente, que cuando me los quita salen ardiendo.
Me quedo dormida y cuando me despierto me encuentro mucho mejor. Me habían puesto una silla tapada con algunas telas para que no me diera la luz.
Por fín consigo hablar con mis padres, lo que me tranquiliza mucho después de la tarde tan horrible que he pasado. Me dolían muchísimo los ojos, sentía las retinas secas y la cabeza parecá que me iba a estallar. Tenía unas ganas terribles de llorar.
Finalmente, despues de cenar descanso y vuelvo a tener sueños maravillosos.
Lavarse la arena del desierto
El asiento de una antigua silla de escuela pintada de azul hace de estantería. Las vigas sujetanel techo metálico y varias cuchillas de afeitar de las que cuelgan algunos pelos rizados. Un sumidero rodeado de arena completa la única estancia enlosada en las casas saharauis. Y tengo suerte, porque otras casas no tienen sumidero y la ducha tiene que llevarse a cabo en la misma letrina donde el pozo ciego se lleva los excrementos.
Todo está pintado de blanco, excepto la estantería y un par de clavos que hacen de percha, azules. La letrina está en la puerta contigua. La pared que los separa no llega hasta el techo. Un cable con una bombillita mínima hace de luz para los dos diminuts habitáculos: sólo tienes que pasarlo de un lado a otro. En la ducha no hay interruptor, el que hay está en el váter y consiste en dos cables pelados que hay que unos y enroscar para que se encienda la bombillita.
Todo está pintado de blanco, excepto la estantería y un par de clavos que hacen de percha, azules. La letrina está en la puerta contigua. La pared que los separa no llega hasta el techo. Un cable con una bombillita mínima hace de luz para los dos diminuts habitáculos: sólo tienes que pasarlo de un lado a otro. En la ducha no hay interruptor, el que hay está en el váter y consiste en dos cables pelados que hay que unos y enroscar para que se encienda la bombillita.
El descanso en una cama saharaui
En el suelo alfombrado se extienden muchísimas de sus numerosas mantas. La que menos abrigan van debajo, para acostarse sobre ellas. Las demás son para taparse.
Hay unos pequeños cojines que pueden servir como almohada, aunque muchos allí no los usan.
Dada se mueve mucho y todas las noches aparece en un sitio diferente de donde se había acostado. Un día apareció al lado de la puerta, otro día cabeza abajo, otro día en la manta-cama de al lado.
No se pasa nada de frío, pero lo que más cuesta es levantarse cuando la madre repite insistentemente el nombre de sus hijos hasta que dan signos de que siguen vivos. De repente traen la mesa con el desayuno y a comerse el nuevo día.
Hay unos pequeños cojines que pueden servir como almohada, aunque muchos allí no los usan.
Dada se mueve mucho y todas las noches aparece en un sitio diferente de donde se había acostado. Un día apareció al lado de la puerta, otro día cabeza abajo, otro día en la manta-cama de al lado.
No se pasa nada de frío, pero lo que más cuesta es levantarse cuando la madre repite insistentemente el nombre de sus hijos hasta que dan signos de que siguen vivos. De repente traen la mesa con el desayuno y a comerse el nuevo día.
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