Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos."
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como esta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche esta estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque este sea el ultimo dolor que ella me causa,
y estos sean los ultimos versos que yo le escribo.
Pablo Neruda
Canciones
Ana, Carolina, Noelia, Maggie, Penélope, Lucía, Rosa María, Yolanda, Marta, Laura, Lola, Elisa, Roxanne, Sara, Michelle, Sandy, María, Salomé, Eva María, María Isabel, Gloria, Melina... incluso las Ramonas tienen canciones dedicadas a ellas. Muchos nombres de mujer que sirven para enamorarse de mujeres y poner nombres a otras mujeres.
No hay ningún Antonio, Jose Luis, Alfredo... no sé por qué, pero no recuerdo ningún nombre de hombre para ninguna canción.
No hay ningún Antonio, Jose Luis, Alfredo... no sé por qué, pero no recuerdo ningún nombre de hombre para ninguna canción.
La Toscana granadina
Ella llevaba una escotada camiseta blanca de tirantes y una faldita vaquera demasiado corta. Él camisa blanca y pantalón beige. Los dos se subieron en la moto y él pidió conducir. Ella procuró mantener la compostura mientras se las ingeniaba para que el viento no volase la falda. Bajo el sol de septiembre, sin ser conscientes de la cercanía del otoño, bajaron la colina, ella agarrada a su cintura. Él iba despacio, quizá lo hacía para que la bajada durase más. Las piernas de ella, torneadas, morenas de final de verano, se cerraban en torno a su cuerpo, dejándole por momentos atrapado entre sus brazos y sus muslos.
"Me siento como conduciendo por la orilla del mar en la Toscana italiana", dijo. Ella sonrió, contra su espalda pero no la vio.
La cuesta abajo se acabó. Él bajó de la moto, ella se puso el casco y le vio alejarse. Cuando arrancó de nuevo, el viento no pudo borrarle la sonrisa que le habían dejado aquellos 2 minutos de paseo en moto bajo el sol toscano de la colina.
"Me siento como conduciendo por la orilla del mar en la Toscana italiana", dijo. Ella sonrió, contra su espalda pero no la vio.
La cuesta abajo se acabó. Él bajó de la moto, ella se puso el casco y le vio alejarse. Cuando arrancó de nuevo, el viento no pudo borrarle la sonrisa que le habían dejado aquellos 2 minutos de paseo en moto bajo el sol toscano de la colina.
Amanecer
Me gustaría ser ella
porque así si lo fuera
reduciría el ansia
de aquéllos que la esperan.
Cuatro paredes blancas
serían mi horizonte,
la del feto perdido
conocería mi nombre.
Me gustaría ser ella
atrapada en mi mundo,
en el pasillo oscuro
al que la llevó un hombre.
La blanca luz del pasaje
siempre sería opaca;
el cielo enmarcado
en madera enrejada
nívea como el camino
donde se acaba mi alma.
La niña tiene frío,
blanca y perdida mira
hacia donde sólo ve
su infinito vacío.
Blanca sábana la arropa,
blanco sueño la acompañe
El dolor insoportable
se oculta frío y traslúcido
tras las lágrimas de un padre.
No te preocupes más,
niña perdida y hallada,
que en un blanco amanecer
al sol estarás sentada
y el cielo libre otra vez
como tú siempre soñabas.
Duerme tranquila, niña
yo velaré tu sueño
y los que aquí te esperan
no lo echarán de menos.
Niña de los ojos blancos,
camina por los jardines,
niña de mirada perdida,
no hay más de lo que tienes,
niña llora, niña fría,
y trasforma esa sonrisa,
que es y será la mía.
porque así si lo fuera
reduciría el ansia
de aquéllos que la esperan.
Cuatro paredes blancas
serían mi horizonte,
la del feto perdido
conocería mi nombre.
Me gustaría ser ella
atrapada en mi mundo,
en el pasillo oscuro
al que la llevó un hombre.
La blanca luz del pasaje
siempre sería opaca;
el cielo enmarcado
en madera enrejada
nívea como el camino
donde se acaba mi alma.
La niña tiene frío,
blanca y perdida mira
hacia donde sólo ve
su infinito vacío.
Blanca sábana la arropa,
blanco sueño la acompañe
El dolor insoportable
se oculta frío y traslúcido
tras las lágrimas de un padre.
No te preocupes más,
niña perdida y hallada,
que en un blanco amanecer
al sol estarás sentada
y el cielo libre otra vez
como tú siempre soñabas.
Duerme tranquila, niña
yo velaré tu sueño
y los que aquí te esperan
no lo echarán de menos.
Niña de los ojos blancos,
camina por los jardines,
niña de mirada perdida,
no hay más de lo que tienes,
niña llora, niña fría,
y trasforma esa sonrisa,
que es y será la mía.
Asparragus
Mi madre dice que no le gusta viajar. Cuando le pregunto que por qué, me dice que ella es más feliz en el campo recogiendo espárragos que viendo la capilla Sixtina.
¿No es maravillosamente simple la felicidad? Simplemente es feliz y es feliz con lo simple. La envidio.
¿No es maravillosamente simple la felicidad? Simplemente es feliz y es feliz con lo simple. La envidio.
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